It was a gray and heavy afternoon in the heart of the city center. The clouds, dense and threatening, were gathering over the buildings like a harbinger of a storm. The streets were congested, full of cars moving at a slow pace, with horns blaring in a chaotic symphony. The passers-by were walking hurriedly, dodging each other, each one immersed in his own worries. Among them, a man was walking along the sidewalk, observing the bustle with a mixture of boredom and curiosity. It was a day like any other, or so it seemed.
However, something caught his attention as he was crossing a busy corner. A few meters away, a group of policemen had formed a perimeter around what appeared to be a body covered by a white blanket. The scene was disturbing; the contrast between the frantic movement of the city and the solemn stillness of that group was disturbing. The man stopped instinctively, trying to understand what was happening.
Nearby, a woman was also watching the scene with obvious concern. She was carrying a bag tightly against her chest and her eyes could not take away from the place where the policemen were guarding the corpse. He murmured in a low but audible voice:
- What happened? There is always something strange in this neighborhood— - His tone reflected both curiosity and fear.
The man replied almost without thinking:
- I don't know... but it doesn't look like any accident. Look how the cops are... -He pointed with his head towards the officers, who were talking to each other in a low voice, with tense expressions and calculated gestures.
One of the policemen looked up at the curious people who were beginning to crowd near the police cordon. He firmly raised one hand and ordered:
- Please, clear the area! There's nothing to see here. Move along.
Despite the warning, the man remained for a few more seconds observing the scene. From his position he managed to see how two officers were lifting one end of the blanket to take photographs of the corpse. Although he could not distinguish much from afar, something in the environment made him think that this was not a common fact.
The murmurs among the curious began to intensify. A young man who was recording with his mobile phone from a nearby corner seemed to know something else. The man came up to him and asked:
- Do you know what happened here?
The young man put down the phone and answered in a low voice, as if afraid of being overheard:
- They say they found the guy this morning... but no one knows who he is or what he was doing here so early. Some people say they heard screaming last night, but you know how it is... no one wants to get into trouble.
The man nodded slowly as he processed what he had just heard. Before he could ask any more questions, another policeman approached the group of curious onlookers and raised his voice with authority:
- I said clear up! If they don't move, I'll have to confiscate those phones.
The threat took effect quickly; people began to disperse little by little. The young man put his phone in his pocket and walked away without saying any more words. The man also decided to retire, although he could not get that image out of his head: the body under the white blanket and the officer's words about an unusual crime.
As he walked through the congested downtown streets, his mind kept working relentlessly. Who would that person be? What story would be behind all this? Would it be someone known to the neighbors or just a stranger trapped by circumstances? The questions accompanied him all the way to his destination.
As he moved through the urban bustle, he began to notice details that had previously gone unnoticed: the anxious faces of people, the furtive glances towards the policemen and the nervous whispers among some passers-by. It was as if everyone shared a silent unease about what had happened.
He finally arrived at a nearby park where he decided to sit on a bench to reflect. Although he tried to concentrate on other things—the distant sound of water in a fountain or the occasional bird singing—that scene kept haunting his mind like a persistent shadow.
The man knew that he would probably never get clear answers about what happened that afternoon. However, that moment left a lasting impression on him: a deep feeling about how fragile and unpredictable life can be in the midst of urban chaos. As he watched the first drops begin to fall from the gray sky, he realized something: even amid the constant noise of the city, there are silences that speak louder than any words.
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Image created with Starryai.
Versión en Español
Era una tarde gris y pesada en el corazón del centro de la ciudad. Las nubes, densas y amenazantes, se acumulaban sobre los edificios como un presagio de tormenta. Las calles estaban congestionadas, llenas de autos que avanzaban a paso lento, con bocinas que resonaban en una sinfonía caótica. Los transeúntes caminaban apresurados, esquivándose unos a otros, cada uno sumido en sus propias preocupaciones. Entre ellos, un hombre transitaba por la acera, observando el bullicio con una mezcla de hastío y curiosidad. Era un día como cualquier otro, o al menos eso parecía.
Sin embargo, algo llamó su atención mientras cruzaba una esquina concurrida. A pocos metros de distancia, un grupo de policías había formado un perímetro alrededor de lo que parecía ser un cuerpo cubierto por una manta blanca. La escena era inquietante; el contraste entre el movimiento frenético de la ciudad y la quietud solemne de aquel grupo era perturbador. El hombre se detuvo instintivamente, tratando de comprender lo que estaba ocurriendo.
Cerca de él, una mujer también observaba la escena con evidente preocupación. Llevaba un bolso apretado contra su pecho y sus ojos no podían apartarse del lugar donde los policías custodiaban el cadáver. Murmuró con voz baja pero audible:
—¿Qué habrá pasado? Siempre hay algo extraño en este barrio… —Su tono reflejaba tanto curiosidad como temor.
El hombre respondió casi sin pensar:
—No lo sé… pero no parece un accidente cualquiera. Mire cómo están los policías... —Señaló con la cabeza hacia los oficiales, quienes hablaban entre ellos en voz baja, con expresiones tensas y gestos calculados.
Uno de los policías alzó la vista hacia los curiosos que comenzaban a aglomerarse cerca del cordón policial. Con firmeza levantó una mano y ordenó:
—¡Por favor, despejen el área! No hay nada que ver aquí. Circulen.
A pesar de la advertencia, el hombre permaneció unos segundos más observando la escena. Desde su posición alcanzó a ver cómo dos oficiales levantaban un extremo de la manta para tomar fotografías del cadáver. Aunque no podía distinguir mucho desde lejos, algo en el ambiente le hizo pensar que aquello no era un hecho común.
Los murmullos entre los curiosos comenzaron a intensificarse. Un joven que estaba grabando con su teléfono móvil desde una esquina cercana parecía saber algo más. El hombre se acercó a él y le preguntó:
—¿Sabes qué pasó aquí?
El joven bajó el teléfono y respondió en voz baja, como si temiera ser escuchado:
—Dicen que encontraron al tipo esta mañana… pero nadie sabe quién es ni qué hacía aquí tan temprano. Algunos dicen que escucharon gritos anoche, pero ya sabe cómo es esto… nadie quiere meterse en problemas.
El hombre asintió lentamente mientras procesaba lo que acababa de escuchar. Antes de que pudiera hacer más preguntas, otro policía se acercó al grupo de curiosos y levantó la voz con autoridad:
—¡He dicho que despejen! Si no se mueven, tendré que confiscar esos teléfonos.
La amenaza surtió efecto rápidamente; las personas comenzaron a dispersarse poco a poco. El joven guardó su teléfono en el bolsillo y se alejó sin decir más palabras. El hombre también decidió retirarse, aunque no podía quitarse aquella imagen de la cabeza: el cuerpo bajo la manta blanca y las palabras del oficial sobre un crimen inusual.
Mientras caminaba por las calles congestionadas del centro, su mente seguía trabajando sin descanso. ¿Quién sería esa persona? ¿Qué historia habría detrás de todo esto? ¿Sería alguien conocido por los vecinos o simplemente un extraño atrapado por las circunstancias? Las preguntas lo acompañaron durante todo el trayecto hacia su destino.
A medida que avanzaba entre el bullicio urbano, comenzó a notar detalles que antes habían pasado desapercibidos: los rostros ansiosos de las personas, las miradas furtivas hacia los policías y los susurros nerviosos entre algunos transeúntes. Era como si todos compartieran una inquietud silenciosa sobre lo ocurrido.
Finalmente llegó a un parque cercano donde decidió sentarse en una banca para reflexionar. Aunque intentó concentrarse en otras cosas —el sonido lejano del agua en una fuente o el canto ocasional de algún pájaro— aquella escena seguía rondando su mente como una sombra persistente.
El hombre sabía que probablemente nunca obtendría respuestas claras sobre lo sucedido esa tarde. Sin embargo, aquel momento le dejó una impresión duradera: una sensación profunda sobre lo frágil e impredecible que puede ser la vida en medio del caos urbano. Mientras observaba cómo las primeras gotas comenzaban a caer desde el cielo gris, se dio cuenta de algo: incluso en medio del ruido constante de la ciudad, hay silencios que hablan más fuerte que cualquier palabra.
Fuente de las imágenes
Imagen creada con Starryai.